GLUB, GLUB… Hola! GLUB… Se me acabaron las vacaciones y me vino un flash de una experiencia que para mí, además de enriquecedora y gratificante, fue de lo más emocionante. APRENDER A BUCEAR POR TRABAJO, en un principio me pareció terrorífico por mi miedo a meter un pie donde hubiese más de dos metros de profundidas (je, es cierto por mucho que me haya criado en la playa), pero con calma, paciencia y control mental (sí, mental, madre mía en mi vida me había concentrado tanto y luchado contra mis miedos para no salir despavorida lanzada aleteando cual pececillo miedoso, hacia la superficie!
     Pues bien, como esta experiencia fue poco a poco tornándose de amarga a lo más dulce del mundo, qué menos que dedicarle unos Jessichups Buzos, novatos, pero buzos! No se me rebelaron, nop, pero llevaban un ratito de elaboración con todo el cariño de los de los detalles.
     Por eso, porque tanto la historia vale la pena, al menos para mí fue la bomba lironda, como estos personajillos merecen volver a tener su día de protas porque se curraron su indumentaria, aquí retomo este post cargado de sensaciones, experiencias, cariño y, como no, dulce bizcocho cubierto de chocolate y golosinas! Al agua patos!!! Aquí va la dulce historia, tal cual ocurrió… GLUB GLUB…
   Y por fin salieron de las profundas aguas de la orilla!!! Jejeje! Les presento a los nuevos amiguetes ´Jessichups Buzos Novatos…aunque felices’!!! Se me ocurrió hacerlos a raíz de uno de mis viajes por trabajo, siempre tengo que comprar la cena en algún centro comercial o algo (es que eso de cenar sola en la barra de un bar me da como palo! Jejeje, pero no desayunar! Para eso no hay barra que se me resista! Es mi comida favorita del día y no sé por qué, pero me encanta desayunar por ahí, en esas cafeterías que huelen a pan tostadito y café…) Bueno, pues eso, que siempre que me voy de paseo buscando algo de cena me topo con los típicos puestitos de chuches (pastillas de goma en mi pueblo, vamos) y no puedo evitar pararme a buscar gominolas con las que hacer, pelos, ojos, bocas o lo que sea!

Y claro, éste es el resultado de bolsitas y bolsitas que compro en cada puerto!  El tema se me ocurrió porque encontré gominolillas guays para elaborar los buzos novatillos que tenía en mente después de haber trabajado mes y medio, codo a codo con mi instructor y cámara Karlos Simón, por toda España dando a conocer los fondos submarinos en el programa España Directo. Una experiencia MA-RA-VI-LLO-SA, intensa y agotadora, pero maravillosa.

Si se fijan en las boquitas, quise darle el toque simpático, el tubo casi es más grande que sus bocas y por eso tienen así los labios! El cangrejito, los pececitos,…todo es dulce y nada…tachán…nada es fondant! Ole! Lo conseguí! Cero fondant en los Jessichups!

Como pueden apreciar, los tubos para respirar son laaarrrgos laarrrgos, es simplemente una forma en la que expresar que son novatillos, jejeje, una gracieta vamos!

Y el flequillo de la niña le cae por delante de las gafas de buceo (madre mía, la de veces que salí yo así, toda “despelusá” de los fondos!!!! jajaja!).
 
   Aquí les muestro algunas fotos de mi enriquecedora aventura submarina. Claro! Aquí la única novata, entre estas tres personas, soy yo porque Karlos y su sobrino (que creo que no llega a los 15 años) intentaban que pusiera en práctica, ya en el mar, lo que había aprendido en la piscina! Yo era un auténtico patito! Jajaja! Y ellos unos máquinas!
   Sin duda, como he repetido tantas veces y jamás me cansaré de repetir, toda una terapia antiangustia con la que logré controlar esos miedos con los que algunas personas se encuentran día a día, eso de tener un poquito de claustrofobia, eso de que un día el estrés puede contigo,… y además, lo más grande, descubrir que los lugares mágicos que creemos que sólo existen en nuestros sueños o en la ficción… existen… los tenemos tan cerca…
Evidentemente a pie a lugares de ensueño, pero… ¿por qué quedarnos en la superficie cuando podemos disfrutar de ambos? Secos o “mojaos” lo suyo es sentir, vivir…
       Comparto estas instantáneas con ustedes porque me gustaría transmitirles toda la buena energía y las lecciones que el buceo me enseñó en un intenso, intensísimo, mes y medio.
     Decena y decenas de experiencias que me demostraron que nuestros miedos, esos que sólo están en nuestra cabezota, pueden desaparecer y, si no lo hacen del todo, al menos podemos controlarlos, en vez de que nos controlen a nosotros, impidiéndonos disfrutar de las preciosas experiencias y momentos que se nos presentan.
   Está claro que también depende de nuestros gustos. Yo, chica de mar, canaria, de familia pescadera y marinera, piso poco la playa, la verdad. Mi hermano bucea por afición y me decía que tenía que probarlo, mi respuesta: “ay que no, que a mí no me interesa meterme en medio del mar ése azul oscuro, a saber lo que me llega desde el infinito incierto…”
      Después de vivir esta experiencia, me ha quedado claro que nos podemos perder tantas cosas preciosas simplemente por no echar un vistazo porque el coco, la cabeza, te dice que le da apuro… Como el que le tenía yo a los chuchos de mi pueblo, Puerto de Mogán, en Gran Canaria (conocidos como rayas, mantas,… se llaman de mil maneras según el lugar). Ya llevaba cuatro semanas de buceo por España, faltaban dos, las dos últimas eran Canarias y Baleares. Y claro, en Canarias le pedí a mi instructor y cámara que me llevara a bucear a mi pueblo. Y esta foto es de cuando llegamos (que había calima) y un ratito después que ya se había despejado y esta lista para lanzarme al agua y superar mi miedo…¡¡¡a los chuchos de mi pueblo!!!!

   Le conté que cuando era pequeña e iba a la playa veía muchos chuchos por la orilla, que sabía que tras el muelle había un barco hundido donde también había y que no estaba segura de poder hacerlo… así fue que cuando me saqué esta foto la risa era de puros nervios! Estaba realmente nerviosa porque para mí era un reto que no sabía si iba a superar…eah! Al agua mi niña! Pues allí que estuve yo aleteando pa´llá,  aleteando pa’cá y, mientras sentía y escuchaba mi profunda respiración, a unos casi 20 metros de profundidad, pensaba… Jessi… ¡lo has conseguido! Ya no hay miedo, sólo entusiasmo!
   Sinceramente, se me cuajan los ojos mientras escribo. Para mí el buceo ha sido una liberación, una experiencia repleta de la buena enería que envuelve este mundo… Y si no, miren las siguientes fotos, eso sí, ya hemos dado el salto de isla, de Gran Canaria a Tenerife…
   Esto no son chuchos, son supeeerrrrrchuuuuchoooossss! Jajaja! Y la que está jugando con ellos soy yoooo!!! Jessitartas! Jajaja! En mi vida pensé que haría esto! Menuda experiencia! Sólo les digo que grité bajo el agua cuando se me echaron encima literalmente! Pero ya cuando vi cómo podía acercarme a ellos y cómo jugar con estos bichos de más de dos metros…aluciné!!! Buás! La bomba! Menuda explosión de sensaciones!  Qué bueno, al descender los miraba así como de reojo y desconfianza y luego no podía dejar de perseguirlos como una niña! Y así fue que cuando salí a la superficie, después de una horita con ellos, no podía ni vocalizar del subidón! Jajaja!
El chucho “confianzúo” se me echó encima, parecía un edredón!
Ya me atreví a acercarme y bailar con él… increíble! Menudos animales sorprendentes
   He querido añadir esta última foto, ya en Baleares, concretamente en Formentera (fíjense en mi cara de flipe, jajaja!). Estoy con mi instructor y cámara que no se imaginaba lo que esta experiencia estaba significando para mí, bueno sí, algún día parábamos a comer, jajaja, y en esos ratitos le contaba que muchas veces, al ver imágenes, peces, estampas tan increíbles me decía a mí misma: Jessi, no te emociones que si lloras no lo ves!!! No te lo pierdas!
   Por cierto, si algún día se animan a bucear, échense en la mochila un par de bizcochos rellenos de esos que preparamos habitualmente porque uno sale, literalmente… muerto de hambre!!! Jajaja! Verdad, verdad!
   A esta experiencia, a todos los que ven el mundo con gafotas, botellas y regulador y a todos ustedes con los que comparto mi pasión por la pastelería creativa va dedicado mi post.
   A todos los que han logrado controlar sus temores, infundados o no, gracias a experiencias como ésta que se convierten en terapias de lo más inesperadas! Por cierto, más de una vez diseñé tartas mientras estaba a 20 metros de profundidad! Jajaja! Es lo que tiene, no lo podemos evitar!
   Millones de besos!
   Jessi
Porque hay que intentar disfrutar cada minuto. Fuera los miedos irracionales que nos impiden exprimir las maravillas que nos regala la vida de este bendito Planeta Tierra. Y si es con un buen bizcocho en la mochila, ya entonces no se puede pedir más! Porque con la tripa vacía las cosas no se ven igual de bonitas! Jajaja! Un beso enorme, amigos!